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Los ciegos del Evangelio

San Pablo es como una pintura de Rembrandt donde se conjugan las luces y las sombras para hacer una obra de arte.

Cuando el apóstol afirma: “Por la gracia de Dios soy lo que soy”, se refiere a todo el conjunto de lo positivo y negativo. Estamos llamados a armonizar nuestras posibilidades y éxitos con nuestros límites y fracasos, pues todo sirve para el bien de los que aman a Dios.

En esta perspectiva, cuando el apóstol nos recomienda: “Sean mis imitadores”, podríamos suponer que gracias al pincel del Espíritu Santo podemos llegar a ser una obra de arte con nuestras luces y sombras.